Preparar la casa para emergencias: la guía estancia por estancia, de la cocina al balcón

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Índice del artículo
- Antes de comprar nada: cómo preparar la casa para emergencias en 45 minutos
- La cocina
- El salón
- El dormitorio
- El baño
- El garaje y el trastero
- La terraza o el balcón
- La entrada
- El orden de compra para preparar la casa para emergencias en tres meses
- Qué no necesitas para preparar la casa para emergencias
- La parte gratis, que es la que más rinde
- Preguntas frecuentes
- Empieza esta tarde: los 45 minutos que valen por todo lo demás
Preparar la casa para emergencias no consiste en comprar cosas. Consiste en recorrer siete estancias con una libreta, apuntar qué falla en cada una y resolverlo por unos diez euros a la semana. Esto es ese recorrido, entero.
Hay un juego que se llama Project Zomboid. No es bonito, lleva quince años en desarrollo y sus gráficos parecen de 1998. Yo le he echado ciento y pico horas.
Los zombis son casi lo de menos. Lo que engancha es que a los pocos días de partida te cortan la luz, y unos días después el agua, y a partir de ahí el juego deja de ir de correr y empieza a girar en torno a una pregunta muy concreta: qué hay dentro de las casas.
Porque te pasas la partida entrando en cocinas ajenas. Abriendo armarios. Mirando debajo de los fregaderos. Y descubres algo raro: las casas están llenas de cosas útiles que sus dueños nunca supieron que tenían.
El 28 de abril de 2025 pensé mucho en ese juego. Eran las doce y media, se fue la luz, y a la media hora ya sabía que no era mi edificio. Bajé a la calle. La gente estaba en los portales con esa cara de «esto ya lleva mucho rato». Y yo, que llevaba años jugando a saquear casas virtuales, no tenía ni una linterna decente en la mía.
Esta guía es lo que hice después.
Siete habitaciones, una por una. En cada una, una escena de ficción que llevaba años contándome algo, y la versión real y bastante más aburrida de esa misma lección.
Resumen en 30 segundos
- Tu casa tiene siete habitaciones que revisar: cocina, salón, dormitorio, baño, garaje o trastero, terraza y entrada.
- Casi todas las casas españolas fallan en lo mismo: luz, información y agua.
- El recorrido de diagnóstico son 45 minutos y no cuesta nada.
- Con unos 10 € a la semana durante tres meses, una casa normal pasa de improvisar a resolver.
- Lo que no hace falta para preparar la casa para emergencias: búnker, machete, mochila táctica ni comida liofilizada para un año.
Antes de comprar nada: cómo preparar la casa para emergencias en 45 minutos
Coge el móvil. Abre las notas. Camina por tu casa en este orden: cocina, baño, dormitorio, salón, entrada, trastero, terraza.
En cada habitación te haces las tres preguntas con las que se prepara la casa para emergencias. Si quieres el marco oficial al lado del mío, las fichas de recomendaciones por tipo de riesgo de Protección Civil están ordenadas por catástrofe y son gratis.
Una. Si ahora mismo se va la luz tres días, ¿qué deja de funcionar aquí?
Dos. ¿Qué hay en esta habitación que serviría y yo no lo sabía? (Esto es lo que en los juegos se llama loot. Tu casa está llena.)
Tres. ¿Qué falta que cueste menos de 20 €?
Ya está. Siete habitaciones por tres preguntas y tienes tu plan entero de preparar la casa para emergencias. Todo lo que viene después es mi versión de ese recorrido, que puede parecerse a la tuya o no.
Y sí, hazlo antes de comprar. Yo compré primero y luego hice el inventario, y me sobraron dos linternas.
Una advertencia sobre el marco. Yo llegué a esto por un apagón, pero sería un error preparar la casa solo contra eso. En marzo de 2020 el problema no fue la luz, fue no poder salir y descubrir que la despensa daba para cuatro días. En enero de 2021 Filomena dejó calles enteras sin repartos y a mucha gente sin calefacción durante días. En octubre de 2024 la DANA de Valencia se llevó coches, garajes y trasteros enteros en una tarde. Y cada verano hay pueblos evacuados por incendio con dos horas de aviso.
Son cuatro emergencias distintas, con cuatro respuestas distintas, y la casa que las cubre todas es casi la misma casa. Lo que cambia es lo que haces con ella.

La cocina
Hay una película coreana de 2020 que se llama #Vivo y que me parece la cosa más preparacionista que se ha rodado nunca, aunque no lo pretenda. Va de un chaval que se queda encerrado en su piso durante un brote. No sale casi nunca. La película entera es él, en su salón, gestionando lo que tiene.
Al principio se le va internet. Luego el teléfono. Luego el agua corriente. Y en un momento un infectado entra, tira la nevera y le destroza la comida que le quedaba.
Es una hora y media viendo a un tío hacer inventario. Y funciona, porque cualquiera que haya vivido un apagón largo reconoce exactamente esa sensación de ir tachando cosas de la lista de «lo que todavía puedo hacer».
En tu cocina real la cosa es menos dramática pero igual de tonta. El congelador arranca una cuenta atrás de 24 a 48 horas si no lo abres. La placa de inducción se convierte en un mueble. Y hay un clásico: alguien coge una lata y descubre que el único abrelatas de la casa era el eléctrico.
Las tres cosas que la resuelven:
- Un abrelatas manual. Cuesta menos que un café con leche y es lo que más se olvida.
- Agua de verdad, no «una botella que hay por ahí». Tres litros por persona y día. Cuatro personas, tres días, 36 litros en garrafas.
- Un sistema para que la despensa que ya tienes deje de caducar en silencio. Con una estantería metálica y un rotulador vas sobrado.
La cocina es donde más se avanza gastando menos, porque el 80 % del trabajo es ordenar.
Cocina preparacionista: almacenar comida y agua
El salón
Hay una película canadiense pequeñita, de 2008, que se llama Pontypool. Transcurre casi entera dentro de una emisora de radio de pueblo, en un sótano. Fuera está pasando algo terrible, y el locutor y su equipo se enteran igual que se enteraría cualquiera: por llamadas, por rumores, por la voz de un corresponsal que de repente deja de tener sentido.
La película va de muchas cosas (el virus se transmite por el lenguaje, cosa que en 2008 sonaba a experimento raro y hoy suena a otra cosa). Pero lo que a mí me quedó es la imagen: una crisis vivida desde un cuarto pequeño, con un micrófono y ningún dato fiable.
Tu salón es eso. El centro de información de la casa. Y ahora mismo depende íntegramente de un router que sin electricidad no dura ni lo que tarda en apagarse el piloto.
En abril de 2025 mucha gente descubrió a la vez que sin cobertura, sin wifi y sin tele no tenía ninguna forma de saber qué estaba pasando. Ninguna. Y eso, a las tres horas, empieza a pesar más que la oscuridad.
Las tres cosas que la resuelven:
- Una radio FM a pilas. Suena a 1985. Fue la única infraestructura que quedó en pie. Que use pilas AA normales, no una batería propietaria que se muere en un cajón.
- Luz de habitación, no solo linternas. Un farol ilumina una estancia; una linterna ilumina un punto y te ocupa una mano. Necesitas las dos, pero el farol es el que cambia el ambiente de la casa.
- Energía por capas: móvil → power bank → estación portátil. Se puede empezar por abajo perfectamente.
Y un cuarto que no cuesta casi nada: un par de walkies. En #Vivo el protagonista se comunica con la vecina de enfrente primero con un puntero láser y después con dos walkie-talkies que roba de otro piso. Suena a truco de guion hasta que se te cae la red móvil de verdad y no puedes decirle a tu pareja que estás bien.

El dormitorio
Soy leyenda es de 1954. La novela, no la peli de Will Smith. Richard Matheson, ciento y pico páginas, y básicamente inventó todo esto.
Lo que casi nadie recuerda de ese libro es que la mitad es rutina doméstica. Robert Neville se pasa las páginas arreglando el generador, reponiendo el ajo de las ventanas, cambiando las tablas, calculando cuánta gasolina le queda. Se acuesta a una hora concreta. Se levanta a una hora concreta. El monstruo del libro no es el vampiro: es el desorden, y Neville lo combate con horarios.
Perdona el momento profesor de literatura. Voy al grano.
Casi todas las emergencias domésticas de verdad (incendio, escape de gas, evacuación, apagón nocturno) tienen un detalle en común: te pillan durmiendo, a oscuras y descalzo. Y lo primero que se resiente, mucho antes que la seguridad, es la calma.
Las tres cosas que la resuelven:
- Zapatillas cerradas debajo de la cama. Lo digo el primero a propósito, porque no lo tiene nadie y no cuesta nada. Si hay cristales, si hay agua, si hay que bajar seis pisos a oscuras, todo lo demás depende de tus pies.
- Una linterna en la mesilla. El móvil no cuenta. El móvil es tu teléfono, tu mapa, tu radio y tu batería, así que no lo gastes haciendo de bombilla.
- La mochila de 72 horas apoyada en la pared. Se prepara una vez y se revisa dos veces al año. Nada más.
El baño
Saramago escribió Ensayo sobre la ceguera en 1995 y no hay ni un zombi en ese libro. Hay una epidemia de ceguera blanca y una cuarentena en un manicomio abandonado.
Lo que hace que ese libro sea insoportable de leer (en el buen sentido) es que Saramago no se salta la parte que todo el mundo se salta. Los váteres se atascan el segundo día. Nadie puede lavarse. La comida llega y se pudre. La dignidad del grupo se descompone al ritmo exacto al que se descompone la higiene, y no al revés.
Es el libro más incómodo del género y el más honesto sobre lo que pasa de verdad.
Porque en cualquier emergencia larga, al hospital te manda una herida mal curada, una diarrea por agua dudosa o no tener a mano la pastilla de la tensión de siempre. Rara vez el peligro grande.
Las tres cosas que la resuelven:
- Un botiquín de verdad. Con suero fisiológico, gasas, vendas, guantes de nitrilo, antiséptico, analgésicos y unas tijeras que corten. No la cajita de quince tiritas de dibujos.
- Un mes de margen en tus medicamentos crónicos. Se consigue pidiendo la receta unos días antes cada vez, sin acaparar nada de nadie.
- Higiene sin agua corriente: gel hidroalcohólico, toallitas, bolsas de basura resistentes. Nada de esto sale en las películas. Todo esto es lo que decide cómo va la semana.
Aviso obvio pero necesario: no soy médico ni farmacéutico, esto no sustituye a un profesional, y en una emergencia de verdad se llama al 112.
El garaje y el trastero
En La carretera, de McCarthy, hay un capítulo que los preparacionistas se saben de memoria. El padre y el hijo encuentran un refugio antiaéreo enterrado en un jardín. Está intacto. Lleno de conservas, agua, mantas, una lámpara.
Y se van a los pocos días.
Se van porque saben que un sitio así atrae. Es una de las decisiones más frías del libro y explica algo que el preparacionismo de escaparate no cuenta: acumular no es lo mismo que estar preparado.
Dicho lo cual, tu trastero no es un búnker de Cormac McCarthy. Es un cuarto lleno de cosas que llevas tres años sin mirar y donde probablemente ya está entre el 30 y el 50 % de lo que necesitas.
Las tres cosas que la resuelven:
- Una multiherramienta decente. No para defenderte de nada, que en un cuarto piso sin ascensor no vas a repeler ni al del gas. Para abrir, cortar, apretar y arreglar, que es el 90 % de los problemas reales.
- Cinta americana y bridas. Arreglan más cosas por euro que ningún otro producto del planeta.
- La regla del medio depósito: cuando el coche baja de la mitad, se llena. Gratis, y te da autonomía real el día que las gasolineras se quedan sin datáfono. (Eso también pasó en abril.)
¿Y si no tienes trastero ni plaza de garaje?
Que es el caso de mucha gente, sobre todo en pisos de alquiler y en edificios antiguos de ciudad.
El trastero se sustituye por altura. El altillo del pasillo, la parte de arriba de los armarios y el hueco bajo la cama son, entre los tres, más espacio del que parece. Yo tengo el agua bajo la cama y las herramientas en una caja en el altillo del recibidor.
Lo que se pierde sin trastero: poder acumular volumen. Y en realidad no importa tanto, porque casi nada de lo que recomiendo aquí ocupa. Lo único que echarás de menos es sitio para las garrafas, y eso se resuelve con formatos de cinco o seis litros repartidos por dos o tres escondites.
Sin coche, se acaba una preocupación entera. No hay depósito que vigilar ni kit de maletero que montar. A cambio, tu plan de salida deja de tener ruedas: si alguna vez hay que irse, será andando o en transporte público, y eso hace que la mochila y el calzado pasen de ser recomendables a ser lo único que tienes.
Y hay un sustituto del garaje que casi nadie usa: la casa de tu familia o de un amigo a treinta kilómetros. Tener allí una caja con ropa, una muda y unos documentos duplicados es lo más parecido a un plan B con espacio que puede tener alguien sin trastero.
Garaje y trastero

La terraza o el balcón
Kingdom es una serie coreana de zombis ambientada en el siglo XVI, con hanboks y sombreros de crin, y es de lo mejor que ha hecho Netflix. Pero lo que me interesa aquí es que la serie tiene claro desde el minuto uno que el motor de todo es el hambre. Hay hambruna antes de que haya monstruos. La gente come cosas que no debería porque no hay otra cosa. El brote es una consecuencia.
Es lo contrario de la fantasía occidental del superviviente con rifle. Aquí quien manda es quien tiene arroz.
Ahora bien, seamos serios: tu balcón no te va a alimentar. Lo digo porque hay mucho vídeo sugiriendo lo contrario y me parece una estafa emocional. Cuatro metros cuadrados dan para unas ensaladas y cuatro tomates.
Lo que sí te da un balcón es agua de lluvia, un sitio ventilado para cocinar cuando no hay ni luz ni gas, y un lugar donde poner un panel solar.
Las tres cosas que la resuelven:
- Un hornillo de camping con dos cartuchos. Siempre en exterior o muy ventilado. Es lo que separa «comer frío» de «cenar caliente», y con niños en casa esa diferencia es enorme.
- Un panel solar plegable del tamaño que carga un móvil y una radio. Del tamaño que alimenta una casa no, que eso son otras cifras y otro presupuesto.
- Un depósito de agua, o simplemente garrafas a la sombra.
¿Y si no tienes balcón?
Bastantes pisos interiores no tienen, y algunos ni siquiera una ventana que dé a la calle. Se resuelve así:
Cocinar. Es lo único que de verdad necesita aire. Con una ventana que se abra del todo y el extractor apagado (sin luz no va a funcionar de todos modos), un hornillo pequeño se puede usar con la cabeza: cerca de la ventana, encendido el tiempo justo y nunca desatendido. Si no tienes ninguna ventana practicable, entonces la respuesta honesta es que no cocines dentro: tira de comida que se coma fría y quédate con el hervidor de agua del hornillo para cuando puedas salir al rellano o al portal.
El sol. Un panel plegable funciona apoyado en el alféizar de cualquier ventana que dé unas horas de luz directa. Rinde menos que en un balcón, pero rinde.
El huerto. Sinceramente, prescinde. Cuatro macetas junto a una ventana dan cuatro hojas de albahaca y ninguna caloría. No te pierdes nada.
El agua de lluvia. Tampoco. En un piso interior no es una opción y no pasa nada: el agua embotellada bajo la cama resuelve el problema entero.
Y el patio de luces, si lo tienes, es un espacio ventilado que casi nadie considera. No para cocinar, porque el humo sube a casa de los vecinos, pero sí para airear y para tender.
Terraza, balcón y jardín
La entrada
Y llegamos a la parte de la casa que a los españoles nos toca más de cerca.
[REC], de Balagueró y Plaza, 2007. Un edificio de vecinos en Barcelona. La policía lo precinta desde fuera. Nadie entra, nadie sale, y toda la película sucede en una escalera, un rellano y un ático.
No hay carreteras. No hay hordas en un descampado. Hay un portal, unos buzones y una escalera estrecha. Es la película de zombis más realista que se ha hecho en España justamente por eso: casi todas nuestras emergencias van a pasar en un bloque de pisos. Un incendio en el tercero, un escape de gas, una inundación en el garaje.
(Si te gusta el subgénero «todo pasa en un edificio», La Horda francesa va de lo mismo y es muchísimo más bruta.)
Si tienes que salir de tu casa, tienes entre uno y dos minutos útiles. Lo que no esté en la entrada, no sale contigo.
Las tres cosas que la resuelven:
- Un extintor y un detector de humo. De todos los productos de esta web, estos dos son los únicos que salvan vidas de forma medible y demostrada. Los demás mejoran una mala semana; estos evitan un funeral.
- Un gancho con las llaves, una linterna de llavero y la mochila. Todo junto, siempre en el mismo sitio, aunque quede feo.
- El plan de evacuación de tu edificio en la cabeza: qué escalera, hasta qué planta, dónde nos vemos.
Entrada y pasillo
El orden de compra para preparar la casa para emergencias en tres meses
Nadie se prepara de golpe. Si lo intentas te gastas 400 € en una tarde y acabas con una caja en el trastero que no vuelves a abrir.
Este es el orden que seguiría si empezara hoy otra vez.
| Mes | Qué compras | Por qué en este orden |
|---|---|---|
| Mes 1 | Frontal + farol + pilas · radio · abrelatas · mantas térmicas | Luz e información. Con esto, un apagón baja de categoría: de problema pasa a molestia. |
| Mes 2 | Garrafas · potabilizadoras · botiquín · power bank | Agua y salud, que son los dos plazos cortos de la regla de los 3. |
| Mes 3 | Despensa de 15 días · hornillo · multiherramienta · cinta americana | Comer caliente y arreglar cosas. A partir de aquí lo que ganas ya es comodidad, no supervivencia. |
Si después de esos tres meses te has quedado con ganas, lo siguiente es una estación de energía portátil. Es el salto grande de precio y conviene hacerlo con calma, midiendo primero qué consume lo que quieres mantener encendido.
El reto de los 30 días

Qué no necesitas para preparar la casa para emergencias
Un machete o un hacha «de combate». Además de que en España portar según qué en la calle es directamente un problema legal, es que no tiene sentido práctico. Un hacha corta leña. Punto.
La mochila táctica de camuflaje de 200 €. Pesa más, cuesta más y llama la atención justo cuando no te interesa. Una de senderismo de 40 litros gana en todo.
Comida liofilizada para un año. Cara por caloría y, sobre todo, comida que nadie de tu casa se va a querer comer. Si en el día tres tu hija no toca el estofado deshidratado, has comprado un mueble caro.
Un generador diésel, un búnker o una emisora de radioaficionado, si vives en un piso. Estás resolviendo un problema que no tienes mientras el que sí tienes sigue ahí.
Y acumular por acumular. Esto es lo que hacen mal todos los personajes de todas las series, por cierto. Estar preparado consiste en saber qué tienes y dónde está, y la cantidad es lo de menos.
La parte gratis, que es la que más rinde
Cuéntaselo a quien vive contigo.
En serio. Es lo único de esta guía que no cuesta dinero y es lo que más falla. En The Walking Dead, en #Vivo, en [REC], en cualquiera: el grupo que no comparte la información es el que se rompe. La versión doméstica de ese error es tener una casa perfectamente preparada de la que solo tú tienes el mapa.
Quince minutos. Dónde está la linterna. Dónde está el agua. Dónde nos vemos si no podemos volver a casa. A quién llamamos si no nos localizamos entre nosotros.
Plan familiar de emergencia

Descarga la checklist de las siete habitaciones
Siete hojas, una por habitación, para imprimir y colgar por dentro de la puerta de un armario. Marcas casillas y ves lo que falta. Formulario de descarga
Preguntas frecuentes
¿De verdad hace falta prepararse en España?
La pregunta que yo me hago ya no es «¿va a pasar algo gordo?», sino «¿cuántas veces al año se me va la luz, se corta el agua o hay aviso rojo en mi provincia?». En los últimos seis años este país ha tenido un confinamiento, una nevada que paralizó Madrid, una DANA con más de doscientos muertos y el mayor apagón de su historia. Ninguna de las cuatro estaba en el calendario de nadie. Protección Civil y varias comunidades autónomas llevan desde 2025 recomendando tener un kit de autoprotección para 72 horas. Esa recomendación no habla de apocalipsis. Habla de martes complicados.
¿Cuánto cuesta preparar una casa desde cero?
Entre 120 y 200 € repartidos en tres meses cubren lo esencial para una familia de cuatro. Y la mitad del trabajo no cuesta nada, porque es ordenar, etiquetar y enterarte de qué tienes.
¿Por qué habitación empiezo?
Por el salón si lo que te preocupa es el apagón. Por la cocina si tienes familia. Por el dormitorio si vives solo. Y por el baño si en casa hay alguien con medicación crónica, sin discusión.
¿Cuánta agua tengo que guardar?
Tres litros por persona y día, mínimo tres días. Cuatro personas son 36 litros. En verano sube a cuatro por persona.
¿Esto no es un poco de paranoico?
En casa tienes un extintor sin esperar ningún incendio, y un seguro del hogar sin esperar ninguna desgracia. Esto va por el mismo camino y cuesta bastante menos que la póliza.
Empieza esta tarde: los 45 minutos que valen por todo lo demás
Haz el recorrido de los 45 minutos. Nada más. Preparar la casa para emergencias empieza ahí: sin comprar nada, sin decidir nada y sin agobiarte.
Al terminar vas a tener una lista de seis a diez cosas y lo más probable es que cuatro cuesten menos de 15 €. A mí me salieron nueve. Tres las tenía ya y no lo sabía.
Y si quieres empezar por donde más se avanza gastando menos:
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